jueves, 22 de enero de 2009

Dogville

Aún estaba convaleciente de la gripe maravillosa que me tocó este año (sí, las brujas también enfermamos) (no, no hay poción que valga para eso) (sí, me encantan los paréntesis) (sí, en parte es por "La princesa prometida") (no, no me estoy volviendo gilipollas) (creo) (vale, ya paro) cuando me tiré en el sofá a ver Dogville.
No es que tenga nada contra Von Trier ni mucho menos el movimiento Dogma, pero he visto pocas pelis suyas. También es verdad que en los últimos años he visto pocas pelis en general, y, siendo sinceros, la mayoría ha sido más bien ponzoña intragable.
Tenía un poco de miedo por esta peli en concreto. Había oído hablar de ella y todo eran buenas críticas, pero me pasa con muchas otras supuesta obras de arte. Yo no les acabo de encontrar el truco o no les veo la gracia por ningún lado, y acabo frustrada pensando que quizá me falta algún mecanismo para comprender o ver cosas que otros sí tienen claras.
Al final, me gustó muchísimo. Nicole Kidman está soberbia, como suele estar casi siempre (aún se me atraganta "Embrujada", y si no me gusta a mí...) y hay un montón de actores que le hacen un buen acompañamiento, cada uno en su sitio (ese James Caan, Lauren Bacall, Patricia Clarkson, Paul Bettany o Ben Gazzara, por poner unos pocos).


El formato tan austero y tan teatral me encantó desde el principio, igual que la idea de los capítulos que el narrador va desgranando, que en ocasiones parecen parte de una fábula moral y en otras un documental (quizá sea por la voz del doblador, que suena a más no poder a pradera del Serengeti)
En cualquier caso la historia es buenísima, un retrato genial de lo que es la naturaleza humana, con sus idas y venidas y sus contradicciones, con un final como no podría haber otro.
Si buscas algo entretenido y ligero, ni se te ocurra planteartelo. Pero si quieres pensar un rato, aunque a veces sea sobre temas poco agradables, pásate por Dogville.

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