martes, 3 de febrero de 2009

Shortcuts: Drácula meets Jack The Ripper

Reconozco que soy una fan redomada de cualquier sociedad caótica plasmada en un libro, y mi interés aumenta si esa sociedad caótica no es la nuestra. Puestos a pedir, de paso, evadirnos.
Adoro las distopías desde que tengo recuerdos, y si la cosa es un mejunje anacrónico y original, me postro de rodillas. En ese aspecto es difícil huír del mago de las ucronías (digamos, novelas históricas alternativas), Kim Newman.
Este tipo peculiar tuvo la gran idea de juntar en uno de sus libros a dos de los villanos más carismáticos y atrayentes que han existido, el Conde chupasangre Drácula y el enigmático Jack El Destripador. Si eso no es uno de mis shortcuts, que baje Zeus y lo vea.
No os pensáis que es algo así como un pastiche mezcla de From Hell y el Drácula de Coppola (atjum opinión reservada atjum cof cof). En El Año de Drácula, Kim ha sabido sacar lo mejor del género.
Entre un sinfín de personajes históricos, reales y de ficción, Newman nos lleva a una época victoriana donde la sociedad se divide en cálidos y no muertos prácticamente a partes iguales, donde el señor Vlad es el príncipe consorte, Lord Ruthven el Primer Ministro y la señora Mina Harker una vampira de armas tomar y no una dulce damisela en apuros salvada de las garras de un monstruo por un viejo cazavampiros de éxito.
Sin duda alguna, el personaje más carismático es el de Geneviève, una no-muerta con el aspecto de una muchacha de dieciséis años y la sabiduría de una de las más antiguas. (No, no confuindáis, nada que ver con la Claudia de Rice).
La historia es entretenida y la visión de los bebedores de sangre da otra vuelta de tuerca (sí, y mil veces sí, aún queda mucho por escribir de mis seres fantásticos favoritos, sólo necesitamos una mente abierta que sepa salirse una vez más del cliché). La trama va fluída, y el lenguaje de Newman es contundente, adulto y cargado de un sentido del humor, como no podría ser de otra manera, muy negro.
Y si uno se queda con ganas de más, tiene su continuación en El Sanguinario Barón Rojo, con una Primera Guerra Mundial en la que los murciélagos vuelan entre la Legión Condor y Poe escribe la biografía de Von Richthofen. Un magnísfico libro de guerra en el que una servidora se pasó cada capítulo echando en falta a Geneviéve. Mala suerte, supongo, aunque creo que hay editada otra novela enterita para ella sola.
Sí, como yo, tenéis volando entre vuestras neuronas la pasión por el caos, la sangre, y las capas negras, tened en cuenta a este tipo genialmente chiflado de pinta infame. Seguro que no os defrauda.

COMENTA, HABLA, DI ALGO, PONME VERDE