miércoles, 22 de julio de 2009

Verano...¿no?

Debería estar hiper-feliz, pletórica, exultante, explosiva... pero no lo estoy.
Hace tiempo, hubiera estado todo eso y mucho más: ahora simplemente estoy de vacaciones.
Recuerdo no hace tantos veranos, cuando me tumbaba en la playa con un buen libro, y de vez en cuando cerraba los ojos, con el sol en la cara y pensaba "Estoy aquí porque no tengo nada mejor que hacer". Y escuchaba el mar ir y venir y los chiquillos riendo, y esa sensación, esa paz, esa tranquilidad, era el estado puro de la felicidad. Era un momento perfecto.
Quizás sea que este verano aún no he ido a la playa, propiamente dicha. (No, no cuento las tres veces que he ido por trabajo). Pero más bien pienso que en esto, como en todo, me estoy haciendo mayor.
Antes los veranos eran enormes, eternos. Incluso los años que tuve que estudiar porque me esperaba tarea para septiembre eran lo más. Porque tenía mucho tiempo por delante, y planes, fiestas, viajes, conciertos, y sueños que cumplir.



Y, oye, que todo eso lo sigo teniendo... pero de otra manera.
Ahora llegan las vacaciones y no tengo que ir a trabajar, claro, pero tengo que trabajar en casa. Y durante una buena parte del verano la gente va a la playa mientras yo me encierro a oler el sol desde mi despacho. Y claro que un buen concierto lo disfruto como siempre, pero a veces lo empaña un poco el salir perdiendo el culo de trabajar para llegar justo-justo cuando quedan diez minutos para empezar.
El compartir tu vida con otra persona también tiene algo que ver. Antes las vacaciones eran MIAS. Ahora TUS vacaciones y MIS vacaciones tienen que coincidir para ser NUESTRAS o algo se queda cojo. Y mira que no me puedo quejar, que Amó y yo vamos teniendo suerte dos años seguidos, y esta vez nos vamos a lo grande. (Faltan... ufff... aún queda una eternidad :/).
A lo mejor pasa que hoy me he levantado y el día estaba fresco, y se ha puesto a llover. O que ayer me quedé en casa trabajando en mi proyecto friki ultrasecreto que desvelaré en breves, cuando se pueda. Y eso de quedarse en casa...
Pero empiezo a pensar que en realidad, además de las circunstancias, he cambiado yo. Que ya no estoy tan loca, tan aventada, tan japidelalaif, tan como yo era (¿o estaba?). Que, como dicen, el tiempo aplaca, y reposa, y ya no te tomas las cosas con tanta fuerza. Que todo se empaña de un halo de serenidad que te hace disfrutar de otra manera, más con una sonrisilla plana y un cosquilleo interior, menos con grititos y saltitos y pijadillas varias.
Puestos a elegir, mejor verlo así: me voy haciendo mayor y más tranquila, mejor que pensar que mi vida va apestando un poco más.
Sea como sea, el verano me ha pillado a destiempo, con el pie cambiado, aunque esa sensación la llevo teniendo todo el año (o espera... ¿era toda la vida?). Por suerte, tengo un montón de planes, fiestas, viajes, conciertos y sueños que cumplir...
Y ahora que lo pienso, igual si que me empiezo a sentir un poco eufórica, exultante e hiperfeliz...
Igual simplemente es que aún no me lo creo...

Será cuestión de comprobarlo.

COMENTA, HABLA, DI ALGO, PONME VERDE