miércoles, 26 de agosto de 2009

Luna de miel en cinco partes: III

Pues ya ha pasado un día completito desde que llegamos, o más bien casi dos días, y aún me estoy recuperando.
Me gustaría poder contarlo todo en un post, pero es imposible.
Aún llevo encima la emoción del viaje, la primera impresión a lo Bollywood, el apoyabrazos del autobús, Rúcula, la primera cena, el madrugón del Capitol, Ovidio y Ocasette, Gigi L'amoroso, las cruces en la llanura de Valaquia, el mercadillo, los monasterios del Parchís, los puestos de souvenires, las noches con y sin spa, el sorteo y el masaje, las telegóndolas y el teleférico, el mosquito que me chupó la sangre, los líos con los cambios de los lei, las sopas, los leuros, los pasteles, el grupo, el castillo y la ciudadela, los cosmopolitan, el pasaje del terror, las compras, las fotos, los horarios, las sincronizaciones, la literatura, los bombones y el vino, el descendiente del Dragón, las despedidas y la vuelta al hogar.
Han sido demasiados paisajes, demasiadas anécdotas, demasiadas (¿seguro?) fotos y una sensación inexplicable de felicidad.
Espero cumplir mis propósitos de hacer una pequeña bitácora y de paso colgar aquí alguna imágen con anécdota. De momento he de ir con Amó a poner orden en el maremagnum fotográfico de los 9 días.

Arrivederci Roma-nia

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