martes, 6 de julio de 2010

Yo tampoco y no quiero serlo

Me encanta el circo que han montado los de Antena 3 con No soy como tú.
Aprovechando la Crepusculitis que estamos sufriendo, quisieron llenarse los bolsillos con una serie adolescente de vampiros, y con un marketing de lo más chafardero lo anunciaban a la par que las pelis de la saga de la Meyer. Emitieron un primer capítulo (amenzaban con dos) en el que no se explicaba una trama forzada, con una historia de amor instantánea y poco creíble y unos actores adolescentes de malos a peores. Hasta ahí más o menos bien; al fin y al cabo, fórmulas peores han tenido éxito, ¿no?
Pero, claro, llegan las audiencias y no son las esperadas.Y a la semana siguiente, porqueyolovalgo, el mismo día que los que sí vieron el tostón (un milloncejo de personas, ná de ná) esperaban ver la segunda parte se encuentran con el patético de Collin Farrel haciendo de Alejandro. Y, oye, pues hubo protestas.Al final, la semana siguiente, después de Crepúsculo (o lo que es lo mismo, a horas ya poco decentes) emitieron el segundo capítulo. Y ahí es donde yo ya me partía el pecho.

Para mí es un producto malo, con unos protagonistas que no saben más que susurrar y poner caretos, con unos personajes planos y unas situaciones más bien bobaliconas. Pero lo mejor de todo es que lo han dejado abierto cortado. Sí, que la historia no es que se quedara coja, es que la dejaron sin pierna, porque pretendían luego alargarla y tenernos todo el año pendientes de los amores de La-cara-rara con El-hijo-de-Coronado.
Que luego tendrán suerte, y venderán su maravillosa creación a otros países que también picarán. Igual con un buen doblaje o unos subtítulos hasta gana un poco.
Pero, a lo que voy, es a esta manía nuestra tan española de hacer las cosas sin saber, sin pensar, al tuntún, con el calorcillo de la moda, pensando que todo cuela. Que como han triunfado unos colmillos lo van a hacer cualquiera, y que un público joven pide poco.
Y yo estoy harta de decirlo: que son adolescentes, pero no gilipollas.
Y que los que somos amantes de los vampiros, somos amantes de los colmillos, la sangre y la noche, pero no de la bazofia. Leches.

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