viernes, 20 de agosto de 2010

Momento Carrie Bradshow

No soy una mujer coqueta. O, como diría un amigo, no soy una mujer al uso.
Me gusta verme guapa, claro. Me gusta maquillarme, pero no lo hago todos los días. Me gusta tener ropa bonita, pero odio tener que ir de compras. Le tengo una especie de fobia a los probadores y puedo llegar a huir de los espejos. Me aborrece perder el tiempo en la peluquería, aunque voy, y a una bastante carilla. No hago dietas ni me alejo del chocolate o de los dulces. No pestañeo, ni pongo morritos. No uso Wonder-Bra.
Me gusta lo natural. Busco lo cómodo por encima de todo y hago pocos sacrificios. Eso de "Para presumir hay que sufrir" me suena a cuento chino capitalista, a engañifa para que llegues a pagar por cosas que no harías en tu sano juicio.
Por eso me sorprende aún a mí misma que me haya dado el ramalazo de comprarme Los Zapatos.

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Son un instrumento de tortura chino. Pero son preciosos. Sabía que, después del meneo autoinmune con el que estoy viviendo, para una ocasión especial (se ha casado N, una de las novias más bonitas que voy a ver en mi vida) llevara lo que llevara me iba a cansar. Así que de perdidos al río, me he comprado unos zapatos caros, de importación, que sabía que iba a aguantar medio minuto y que me iba a poner cuatro veces en mi vida.
Pero lo hice. Y los tengo en su sitio y de vez en cuando los miro. Se los he enseñado a todo el mundo. Estoy deseando volvérmelos a poner otro medio minuto para que me acribillen los pies.
Supongo que es lo más cerca que voy a estar de la pasión de Carrie por los Manolos. Arg, como me jode tener algo en común con ella, aparte del insginifcante detalle de que las tengamos dos... cromosomas X.

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