miércoles, 22 de septiembre de 2010

After Dark


Tener demasiadas expectativas, en general, no suele ser bueno. Pasa continuamente, te haces una idea magnificada dentro de la cabeza y luego lo que ven tus ojos te deja decepcionado. Te desinflas como un globo. Hasta parece que oigas el aire salir:
Fffffffffiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Pero esta vez, no. Esta vez yo le tenía ganas desde hace tiempo (cosas de Amó, me lo regaló con una cláusula de postergación... quien lo entienda que lo compre) y no me ha defraudado nada.

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After Dark es una novela diferente, fresca, en la que parece que no pase gran cosa (no, no tiene mucha trama) pero a la vez ocurren muchas cosas pequeñas.
El estilo es sorprendente, novedoso. Es como un guión cinematográfico, pero mejor. Nosotros somos testigos de una manera inédita: no como si mirásemos a través de una mirilla o un objetivo; sino como si fuésemos la cámara, un aparato, una máquina totalmente imparcial.
Los personajes son mundanos, perfectamente creíbles, pero a la vez individuales, diferentes, con su punto especial.
Los diálogos son muy reales, y contundentes. Algunas de esas conversaciones, querría tenerlas yo.
Es una novela distinta, real, onírica, con sus puntos de imposible, amable, brutal, sorprendente, inquietante, nocturna y llena de luces, cruel, impactante y a la vez con toda su ternura.
He entrado con buen pie en la obra de Murakami.

Como diría Claudia: Quiero más.

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