miércoles, 8 de septiembre de 2010

Las chicas de la parada

Eran tres. Pantalones pitillo en tonos intensos. Camisetas amplias y deportivas. Melenas lacias cuidadosamente despeinadas. Pulseras de colores y carpetas decoradas con corazones y estrellas, en colores vivos.
Dos parecían interrogar a la tercera. Hablaba de un chico. Se notaba que le gustaba mucho. "¿Pero pasó algo?". Estaba azorada. Se mordía el labio inferior: "No, pero..." Una de ellas hizo un gesto de negación, de fatalidad, un gesto rotundo y un poco despectivo. La otra murmuró algo poco alentador.
Yo miré a la tercera, que pareció de repente sentirse sola. Desde luego, incomprendida. Quizás un poco decepcionada. Parecía buscar unas palabras que no llegaban.
Yo fui así. Yo sentí mucho por gente con la que no pasaba nada.

Photobucket

Navegando en el tiempo, me acordé de C, que por miedo siempre me daba dos besos extremadamente corteses en el portal. Nunca conseguí que pasara esa barrera. Me acordé de F, que me regaló una rosa "para que le recordara gratamente" y se fue. Me acordé de M, por quien me puse un vestido precioso sólo para hablar cinco minutos. Me acordé de B, a quien no contesté la verdad a una pregunta. Me acordé de N, que me alegraba con sus noticias esporádicas y aún me debe una sorpresa.
Me acordé de muchas iniciales que pasaron como de refilón. Pero dejaron una huella.
Me pregunté si alguno de ellos se acordará alguna vez, también de refilón, de mí . Me pregunté si serán conscientes de la marca que han dejado. Si con los años habrán sabido la verdad: que a veces a una mujer no hace falta ni rozarle los labios para tocarle el corazón.

COMENTA, HABLA, DI ALGO, PONME VERDE