jueves, 10 de marzo de 2011

Las pupilas horizontales de las cabras


Yo fui (y supongo que sigo siendo) una niña de ciudad. En el pueblo se encargaban de repetírmelo hasta la sociedad (muchas veces con su corolario: Las de ciudad son todas unas p***s).
Pero lo cierto es que lo fui. No he visto nacer un ternero, no he ayudado en la matanza, ni a recolectar nada. Sí que una vez ayudé a una amiga a recoger los pavos, pero poco más. Sí he comido fruta recién cogida, sí me he subido a árboles, sí he comido huevos de aldea con la yema amarilla de verdad. Pero era en vacaciones, como de casualidad, sin vivir en ese ambiente.
Me horrorizaban esos críos que pensaban que las patatas venían del supermercado, aunque también es cierto que en mi vida he sembrado nada.
Yo no lo considero una ventaja. Jamás me he sentido ni superior, ni mejor. Todo lo contrario, creo que te pierdes otra cultura, otra sabiduría. Sin embrago, te miran de otra manera, presuponiendo antes de conocerte que vas a traerte algún tipo de superioridad tonta. Yo he sufrido ser una niña de ciudad más que otra cosa. Pero lo tenía ya bastante olvidado.
El otro día, sin embargo, me volvió todo de golpe. En una novela describían a un personaje y decían: "tenía las pupilas horizontales, como las de las cabras". Y yo me quedé tibia. Nunca había pensado en ello. Sabía que las cabras tenían unos ojos peculiares, pero no sabía cómo. Me volví a sentir de ciudad en el peor sentido.
Y ahora que lo habéis leído... ¿cuántos de vosotros os sentís "de ciudad"?

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2 VALIENTES:

Anónimo dijo...

muy bueno saludos de argentina

Áncora dijo...

Mil gracias, Anónimo. Saludos de vuelta desde España.