miércoles, 2 de marzo de 2011

Ligera

El Lunes, en clase de baile, me sentía fenomenal. Giraba sin problemas, en el sitio, sin dar los pasos como un pato y sin salirme de mi eje.
A. me hizo dar cuatro vueltas seguidas, y fijándome en sus ojos no tuve problemas para no marearme. Las dí  sin trasladarme, sin encogerme, recta y segura. 
Era la primera vez que me pasaba, en tres años, que me quedaba contenta con mis giros. 
Por la noche me di cuenta de dónde estaba el truco: ya me he comprado el vestido de la boda. 
Me he quitado un peso de encima. Como para no estar ligera girando.

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