viernes, 25 de noviembre de 2011

Mala leshe, morena

Como algunos sabéis, voy escribiendo mis entradas cuando tengo tiempo y las dejo programadas para que San Blogger me las vaya colgando cuando amablemente se lo pido. Si no, esto sería un desierto. Pero a veces este sistema tiene sus fallos. 
Tenía preparado un post incendiario con mala baba a tutiplén y muchos #@%&€. Y ahora lo he tenido que borrar.
Veréis, llevo como un año yendo cada semana al mismo sitio a buscar el desayuno. Siempre lo mismo. Siempre me atienden las mismas personas. Y cada semana me preguntaban qué quería, me decían el importe y me preguntaban si quería una bolsa, a la que siempre decía que NO. Cada semana. 
Muchsísimo colegueo con otros clientes -supongo que más habituales- pero conmigo ni un mínimo atisbo de reconocerme. Alguna vez me dijeron que faltaba dinero, cuando siempre lo llevo justo porque sé cuánto es. "Uy, perdón, no vi la moneda, pensé que no me habías oído bien". Que ya de aquella empezaba a molestarme un poco y estuve a punto de preguntarle "¿Cuándo?¿Esta semana, la pasada, o todas las de los últimos meses?" Hubo un día en que pillé a una de las dependientas escogiendo el cruasán más quemado. Así que la que me quemé fui yo.


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Los había puesto verdes. Echaba pestes sobre la incompetencia de la gente en este país, lo bordes que somos, lo poco que nos molestamos por servir bien. la alegría que te da cuando te atienden como Zeus manda, y la innegable realidad de que, si puedes elegir, te vas con el más agradable. Sin dudarlo.
Se me calentaba especialmente la tecla al constatar que hay gente que se aprovecha de tener un buen producto (o el mejor, o incluso el único en algunos casos) para no molestarse ni un poco en hacer las cosas bien. No sé ni cuantas líneas duraba aquella descarga de mala uva. 
Y justo cuando lo tenía todo editadito y listo para salir, pasó algo. Volví al susodicho local (contra mi voluntad y mascullando entre dientes, todo hay que decirlo) y me atendieron de maravilla. Me dieron los mejores cruasáns; como uno era pequeño, me regalaron otro, no hicieron ni mención a esa bolsa que nunca me llevo e incluso me regalaron una pedazo de sonrisa.
Así que, nobleza obliga. Ya no publicaré mi sarta de espumarajos por la boca.  A lo mejor es sólo cuestión de paciencia., Quizás en este país todo es cosa de dar una segunda oportunidad. O una ducentésima.

1 VALIENTE:

Raquel dijo...

Esto es lo de siempre: la gente que es borde de por sí un día que te regalan una sonrisa parece que hicieron un esfuerzo y se valora más que las personas que están todos los días con la sonrisa en la boca.

Y si la gente que siempre está de buen humor un día están enfadados (cosa normal si eres persona) siempre hay alguien que dice: pero, ¿Qué le pasa?

Somos la bomba!

Besos!!