sábado, 5 de noviembre de 2011

Reflesiones tangueras, vol II

Con cada nueva pareja, reaprendes la lección más importante: el significado de ser compañero de baile. Hay que ser a la vez alumno e instructor, humilde y consciente, cómplice y testigo, sufridor y sufrido. Hay que encontrar ese equilibrio entre ejecutar perfectamente tu parte y ayudar a la suya. A veces parece un combate, y no una colaboración. A veces hay que perder de tu ejecución para ganar de la mutua. Diluirte como individuo para sobrevivir como pareja.
Otras veces, todo intento es inútil. Todo se deshace y se va. Hay que volver a recuperar la confianza. Empezar de nuevo, desde los errores propios y ajenos, aprendiendo siempre. Intentar no buscar culpables, no acusar, mirarse el ombligo y aceptar tu parte de responsabilidad. Centrarse en el nosotros. o como poco en el yo, no en el . Puede que en ocasiones lo más difícil sea rearmarse, levantarse del suelo. Volver a empezar.
Al atacar los finales, de nuevo, se te rompen todos los esquemas. No se trata de  cerrarlo todo en un movimiento brusco, como te pide el sesgo musical, sino en aprender a respirar, a alargar cada movimiento para que se encuentre con el siguiente, de forma que todo parezca una progresión natural. Olvidar el mito de que bailar se hace con los pies, aprender a moverse de forma aislada, bloquear el torso de los hombros y de la cadera, descubrir articulaciones que ni sabías que tenías.
Forzar tus límites, aunque a veces es duro y duele. Pero también es necesario, si cada día llegas un poquito más allá al final descubres que los límites no son tan rígidos como creías. Si sigues caminando, el camino también crece.

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No hay que olvidarse de repasar las posiciones. Aprender a tener tu propio camino entre el aparente caos. Buscar tu sitio entre tanta gente, cada uno apurado en lo suyo, mirarlos sólo de refilón mientras giras por tu carril, preocupándpte de no pisar y de que no pisen tu espacio. Cerrarte en tu burbuja sin olvidar que, a escasos centímetros, otras burbujas buscan su independencia. Eso sí, sin olvidar que al final, todos sois un grupo. Todos hemos venido a lo mismo, y queremos un fin común.
Y sobre todas las cosas, aprender a escuchar al maestro, ver cómo el también crece, cómo cada día afina más en sus explicaciones, en sus comparaciones, en la riqueza del hacerse entender...

Se parece tanto el tango a la vida...

3 VALIENTES:

Raquel dijo...

Yo sigo con el runrun de Marc Anthony, jajaja....¿canta algún tango? Habrá que investigar

Besos!!

Áncora dijo...

Pos yo no tengo constancia... Sé que hace unos boleros potentes, y yo le he bailado mil veces los cha-cha-chás y alguna que otra vez en salsa (no porque él haga poca, sino porque yo bailo poca salsa). He visto en youtube gente bailándole como tango, pero con ritmos que no son tangueros, y la verdad, queda rarito.
Seguro que sería más que capaz de defender unos cuantos, voz no le falta, pero yo para el tango soy purista a tope: no me saques de San Gardel.
Por cierto, ¿a qué es inquietante la omnipresencia de Marc Anthony últimamente en nuestras vidas? Yo creo que al final creamos una nueva religión, como los del monstruo espaguetti gigante ese de marras XDDDDDD

Raquel dijo...

Vamos a incorporar a Marc Anthony a nuestras reuniones, pero sin olvidar a Paquirrín! jajaja.

Besos!!