miércoles, 30 de marzo de 2011

El Circo

Oíamos truenos antes de entrar, pero no les dimos importancia. Una vez dentro, le sonreí al Hobre Lobo, pero me miró tan fijamente que se me borró el gesto. El cuchillo de la Enfermera Sangrienta me pasó cerca, y un dedo tocó la cabeza de Amó y susurró "Córtalo", antes de que sonara una motosierra. La Monja se me quedó mirando con su lento caminar, antes de que pasaran la Novia y la Viuda, y la  Niña con su vestido y sus guantes, tan decimonónica, que parecía un fantasma. La Niña del Pozo no se nos acercó de milagro, y nos alegramos mucho por ello. 
Después se apagó la luz y vino todo: el Demonio, el Payaso Grimoso, La Momia, Nosferatu, los Zombies, las Niñas del Exorcista, la Ejecución, La Caza, La Vampira, el Coco Miguel, El Paseo en Coche...
La puesta en escena es impresionante. Los números son espectaculares. Y sobre, todo es divertidísimo de verdad.No paramos de reírnos.
Tenéis que ir al Circo de los Horrores
Es para morirse... de risa

lunes, 14 de marzo de 2011

Paranormal

Si no habéis visto comer el mismo plato a un zombie, un vampiro y un hechicero... 
Si no habéis reído con un conjuro multitudinario... 
Si un chupasangres no os ha sacado una foto... 
Si no habéis agitado vuestra varita al ver a una vampiresa acercarse al cuello de vuestro marido... 
Si no habéis visto a Bellatriz Lestrange, Lestat, Drácula y el Fantasma de la Ópera bailando el Thriller de Michael Jackson... 
Si no os habéis resvalado con vuestros tacones en una pista abarrotada de brujas bailando samba... 
Si no habéis visto a Lord Voldemort partirse de risa con La Parca... 
Está claro, el Sábado no estábais en la Cena de Carnaval. 

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jueves, 10 de marzo de 2011

Las pupilas horizontales de las cabras


Yo fui (y supongo que sigo siendo) una niña de ciudad. En el pueblo se encargaban de repetírmelo hasta la sociedad (muchas veces con su corolario: Las de ciudad son todas unas p***s).
Pero lo cierto es que lo fui. No he visto nacer un ternero, no he ayudado en la matanza, ni a recolectar nada. Sí que una vez ayudé a una amiga a recoger los pavos, pero poco más. Sí he comido fruta recién cogida, sí me he subido a árboles, sí he comido huevos de aldea con la yema amarilla de verdad. Pero era en vacaciones, como de casualidad, sin vivir en ese ambiente.
Me horrorizaban esos críos que pensaban que las patatas venían del supermercado, aunque también es cierto que en mi vida he sembrado nada.
Yo no lo considero una ventaja. Jamás me he sentido ni superior, ni mejor. Todo lo contrario, creo que te pierdes otra cultura, otra sabiduría. Sin embrago, te miran de otra manera, presuponiendo antes de conocerte que vas a traerte algún tipo de superioridad tonta. Yo he sufrido ser una niña de ciudad más que otra cosa. Pero lo tenía ya bastante olvidado.
El otro día, sin embargo, me volvió todo de golpe. En una novela describían a un personaje y decían: "tenía las pupilas horizontales, como las de las cabras". Y yo me quedé tibia. Nunca había pensado en ello. Sabía que las cabras tenían unos ojos peculiares, pero no sabía cómo. Me volví a sentir de ciudad en el peor sentido.
Y ahora que lo habéis leído... ¿cuántos de vosotros os sentís "de ciudad"?

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miércoles, 2 de marzo de 2011

Ligera

El Lunes, en clase de baile, me sentía fenomenal. Giraba sin problemas, en el sitio, sin dar los pasos como un pato y sin salirme de mi eje.
A. me hizo dar cuatro vueltas seguidas, y fijándome en sus ojos no tuve problemas para no marearme. Las dí  sin trasladarme, sin encogerme, recta y segura. 
Era la primera vez que me pasaba, en tres años, que me quedaba contenta con mis giros. 
Por la noche me di cuenta de dónde estaba el truco: ya me he comprado el vestido de la boda. 
Me he quitado un peso de encima. Como para no estar ligera girando.