jueves, 24 de abril de 2014

Reflexiones tangueras, volumen III

Echo de menos el tango.
Echo de menos la música, el acordeón, las cadencias, los quiebros, los silencios. El sonido de las suelas de serraje arrastrándose por el suelo. La señal sonora para entrar a ejecutar. Los tiempos, los compases, los medio tiempos, el "dos y..." Las letras tan tristes, las voces graves y templadas. Los reproches al mundo, las historias con mal final, las pérdidas, los cambalaches, los desengaños...
Echo de menos la cercanía, el bailar sin mirarse. Porque no hace falta, porque podrías cerrar los ojos y seguir hablando con tus pies, con los giros, con los ochos, con las mordidas, con los pasos. El dejarse mecer, el abandonarte en los brazos de un extraño, a la música, al baile, al sentimiento, como se abandona una ante un buen beso. El confiar, el dejar que hablen tus piernas y conseguir entenderse, casi de forma espontánea, aunque no te lo esperabas, aunque parecía imposible.
Echo de menos  la sensación de desafío, de debate, de esa lucha que siempre queda en tregua, la provocación, las respuestas... Echo de menos las respiraciones, el acompasar tu latido al movimiento, el coger aire para soltarlo despacio, subir para bajar lantamente.

 photo VladKhodoskiSteps1_zpsfac4fdb9.jpg

Echo de menos el vivir en tu burbuja, el aislarte del mundo, el cerrarte en tu momento, el recordar un instante que hay un exterior, mirar con el rabillo del ojo y descubrir la belleza de la armonía. 
Echo de menos la postura. Caminar en demi plié, moverte como un gato (o intentarlo, y cambiar la "g" por una "p"). Los cambios de peso, la tensión del torso, los hombros alzados, la cabeza erguida, el abdominal tenso en cremallera. Echo de menos la punta de los pies recta y tensa, dibujando en el suelo volutas y más volutas.
Echo de menos el creer que no llegas, el estirar el tiempo como algo mágico, el resolver a última hora, el ligar los movimientos, el hacer fácil lo difícili y acercarte de puntillas a lo imposible.
Echo de menos el reto, el desafío, lo que siempre queda por hacer, ese horizonte que se sigue alejando cuando te acercas.
Echo de menos el salir airoso y triunfante el creer que ya lo tienes, el lograr un hito y marcharte satisfecho con tu trabajo bien hecho, para volver el día siguiente y descubrir que te queda todo por aprender y que vacilar es perderse, que nada se puede dar por hecho y que el triunfo está en perseverar y no confiarse. (Se parece tanto el tango a la vida... )

Echo de menos el tango.
Echo tanto, tanto de menos el tango, que a veces hasta duele.

2 VALIENTES:

el amor que está mintiendo dijo...

Quiero creereme culpable de alguna de esas situaciones que echas de menos, ya sea porque te insistí en que aprendiéramos juntos, ya sea que porque bailabas conmigo.

Áncora dijo...

Es... por una cabeza. :****