domingo, 7 de septiembre de 2014

Reflexiones maternales, Vol I

Pues sí, hace un añito que me he estrenado en esto de ser mami, y me ha dado para darle unas cuantas vueltas a la cabeza. Comparto aquí unas cuantas paranoias fraguadas en este tiempo (había escrito una entrada cuando nació Pequeño Cuervo, pero ha desaparecido misteriosa, inexplicable e irrecuperablemente, así que intercalo alguna cosa que puede que alguno hubiera leído ya).

Lo primero es preguntarse, ¿pero cuándo empieza una a ser mamá?. Mucha gente me felicitó por el día de la madre en mayo de 2013, cuando estaba embarazada de cinco meses  y pico. Por aquel entonces yo me sentía más bien una incubadora, o una "futura mami". Mi prima M que es la caña me decía: Piensa un poco: tú nutres, cuidas, proteges y te preocupas... ¿no son funciones de madre?. Desde luego cuando sabes que tienes un garbancín en la tripa  pero nadie lo nota ni lo sabe, (en el primer trimestre solo lo sabíamos Amó y yo) ves tan lejos eso de tener un bebé en brazos (en mi caso, además, con la incertidumbre de si todo podría ir bien) que "mamá" no te sientes. Pero el embarazo es un proceso largo. Yu tuve una gran conexión con mi peque, hablaba mucho con él y nos comunicábamos de alguna manera mientras estaba ahí, dando pataditas (y patadones). Realmente el día que nace tu hijo, solamente se hacen las presentaciones. Y por manido, ñoño, y cliché que suene, verle la cara por primera vez es el momento más impactante de tu vida (al menos para mí lo fue).

Pero sí es cierto que una vez el bebé está fuera y se ha cortado el cordón umbilical, ya eres madre. MADRE. Cinco letras de nada, y qué palabra más grande. Cómo suena. Cómo asusta de mano, qué grande parece que queda. Al principio se te hace raro, como cuando compras unos zapatos nuevos. No tienen por qué apretarte, pero tardan en hacérsete al pie. (Es como cuando me casé, que me pasé unos días diciéndole a Amó: maridomaridomaridomarido hasta que la palabra dejó de picarme en la lengua)
Con esto hay una pequeña concatenación de crisis de apelativos. Pasas de ser el tú de siempre  a ser "una embarazada" (bueno, eso nada, no deja de ser un estado, es pasajero) y luego a ser m-a-d-r-e. Pues... es raro. De mano es muy raro. Sobre todo porque con el carné de madre parece que entras en ese club exclusivo donde todas son iguales y hablan de cosas raras como bugaboos, maxicoxis, arruyos y cosas así. Pero nada, el efecto se pasa pronto. Sobre todo porque los primeros meses apenas tienes tiempo para reflexiones trascendentales. Ya es bastante con tener tiempo para darte una ducha y comer sentada, si es que lo logras. Cuando te das cuenta, ya llevas la etiqueta pegada a la piel. Y a otra cosa.

Aunque suena a perogrullada, embarazos y partos son experiencias únicas. Oyes muchísimas cosas, y lo escuchas todo y tomas nota, porque quieres aprender, pero al final tu cuerpo es el tuyo (o mejor, tu cuerpo eres tú) y todo es muy personal y muy íntimo. Se hace raro de narices pensar que tu cuerpo se abre en dos para dejar salir a otra persona. Eso del parto es algo primario, instintivo, puramente físico (en el sentido de corporal), animal y totalmente alejado de toda tu vida. Un momento aparte. Un oasis extraño. En un libro leí algo que me sorprendió, pero hasta ahora es la mejor explicación que he leído: "es como un orgasmo". Pues sí, en cierto sentido se parece bastante. Al igual que un orgasmo, son sensaciones que no se parecen a ninguna otra cosa que vivas a diario, y no sabes cómo vas a reaccionar. También tiene algo de mágico, la verdad.  Y, sinceramente, la naturaleza es muy sabia y nos puso la tripita por delante y no de mochila, para que no veamos según que cosas. Durante el parto ya tiene una bastante con lo que tiene que hacer como para ver a los médicos manipulando el material.  Solo puedo decir que, para mí, ha merecido la pena la experiencia. A las que queréis ser madres y os da miedo... Se sobrevive, chicas, como se sobrevive a todo. Es un trámite. Solo son unas horitas en una vida. Tomároslo como perder otra virginidad distinta.

Una cosa curiosa que he pensado, es lo simpático que es cómo presentamos a los niños al mundo. ¿Os suena la fórmula esa de "Pequeño Cuervo nació el día 7 de septiembre, a las 13:30, pesó 3,910 kg y midió 54 cm"? Yo la usé, la verdad. Pero, ¿¿cuando más en tu vida vas dando tus medidas por delante, salvo que seas modelo de pasarela??

Una cosa importante es que ser madre no tiene por qué cambiarte. Es solo otra faceta más, como tu vida laboral, o tu vida de pareja. Igual que cuando empecé a trabajar no pasé a ser "una trabajadora" sin más,  o cuando me casé no pasé a ser "una esposa" sin más, tampoco creo que ahora sea " una madre" y ya está. Soy yo, con otro trabajo por hacer. A ver, tu vida sí cambia. Tus rutinas son diferentes. Pero tú eres tú. Si no te gustaban los lazos no tienen por qué empezar a gustarte. Si te gusta el heavy no empiezas a escuchar solo los Cantajuegos. (Cuando me leí "Padres no ñoños", me reí bastante por ver reflejada a gente que conozco, pero, sinceramente, no me abrió los ojos en nada, porque todo eso ya lo había pensado yo solita) Eres la misma persona, con otro rol más. La sociedad intenta engañarte. ¿Os acordáis de cuando éramos adolescentes y comprábamos aquellas horribles revistas que pretendían decirnos cómo teníamos que ser? Con lo de ser mamá pasa igual. Te querrán decir qué ponerte, qué hacer, qué leer, qué escuchar y cómo vivir tu vida. Que les den, puedes seguir siendo tú, aunque con menos horas de sueño. 

Enlazando con lo anterior, no eres parte de un colectivo que tenga que vivir en un ghetto y hacer cosas según la etiqueta (hasta el estigma, diría yo). Ejemplo: lo de las puñeteras "50 sombras de Grey", vendidas como "porno para mamás" me sigue ofendiendo. Pero ojo, que hay cosas que tienen su razón de ser.  Ciertas prendas de ropa son "para mamás" porque te hacen la vida más fácil. (ejemplo impepinable, las camisetas de lactancia, si das el pecho) Pero cada vez que leo "equis-cosa para mamás", huyo.
Hay cosas inexplicables que se convierten sin darte cuenta en tus nuevos complementos: un clásico son el anillo-chupete o el broche-chupetero. El estampado mancha-de-papilla se vuelve recurrente.Y hay cosas que no son compaginables del todo con pelear con bebés. En serio, lo ves sobre la marcha. Yo hay blusas que me encantan que no puedo ponerme para estar con el peque por incómodas, poco funcionales o potencialmente peligrosas. Pero me sigo vistiendo más o menos como me vestía. Me sigo poniendo mis parches, mis rejillas y mis encajes. Y me sigo vistiendo de negro, porque mi hijo sigue teniendo todos los colores del arcoiris para elegir solo con asomarse a la ventana. En serio, no sabéis lo mucho que se  inculca ir de rosa en la ropa premamá, es extenuante. Pero tampoco es tan difícil, ¿eh? Yo he sido premamá negrichunga sin ninguna dificultad (de hecho, la foto de abajo es de mi tripón poco antes de dejar de tenerlo)

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Y hablando de ropa, cuando tu hijo te arruina tu camiseta favorita con papilla/leche/cualquier-fluído-corporal... La camiseta te la pela.  Porque sí, algo tan absorvente, tan demandante y tan dependiente de ti te ayuda  a poner en orden prioridades. Te das cuenta de la cantidad de cosas de las que puedes pasar. Y también de las que no. Por ejemplo, a mí me gusta ver la tele, pero yo necesito leer. No he dejado de leer en este primer año. Ni siquiera cuando me tenía que levantar varias veces cada noche y una siesta era una bendición. Aún en esas etapas, le he robado tiempo al sueño por un ratito de lectura. Sí, yo soy esa clase de madre.

Porque ni lo dudes, todo el mundo cataloga, y hay muchas clases de madre. Yo diría que tantas como mujeres que tienen hijos, y lo dejaría ahí. Pero no. Hay clanes, y te intentan reclutar y poner contra los otros clanes. Y todos, por supuesto, hacen las cosas mejor que sus contrarios. A mí me parece tan cansado que ya aburre, pero es lo que hay. Y, tenlo en cuenta: puedes ser digamos... ecléctica, mamá freelance, o outsider, o rebel-mami o como lo queráis llamar vosotros. Pero algunos  no os lo perdonarán. Respecto a esto, yo decidí no tomar posturas radicales. Ir paso a paso, resolver los problemas cuando fueran apareciendo. Aplicar lógica, instinto, conocimientos y ensayo/error según iba viniendo todo. Ya sabéis, yo abandero eso del "yo soy yo". ¿Creéis que me libra de etiquetas? Noooo. Soy "madre rara".

Un tema típico de clanes, por ejemplo, es lo de la lactancia materna. Y mi caso es un ejemplo de que puedes hacer las cosas a la carta, adaptarlas a tu caso y no casarte con nada. Mi lactancia fue dura. Dura de verdad, tengo cicatrices en los pezones perfectamente visibles, como de un centímetro, que no se quitarán nunca. Después de mes y medio de dolores, grietas y demás, fui a un grupo de lactancia a informarme de qué pasaba y qué podía hacer. Me dieron explicaciones y opciones. Yo decidí que mi hijo tomaría toda la leche materna que pudiera darle. Me compré un sacaleches muy bueno (y muy caro) y me pasé cuatro meses y medio ordeñándome. Me encabezoné, me quité horas de sueño y hubo momentos en los que me sentía anulada, denigrada, o degradada a vaca lechera. Pero hice lo que quería. Le di mi leche en biberón lo que aguanté (hasta los seis meses). No volví al grupo, y sé que gente de allí no aprobaría ni de lejos lo que hice. Sé que gente de la que ni se plantea la lactancia me verá como una nazi de la leche. Lo que os digo. Ni de un clan, ni de otro; ninguno me aceptaría. Ninguno me comprende. y... una vez más: ME-LA-PE-LA. 

 Cualquiera que esté minímamente informado sabe que esto de la lactancia materna es una polémica, literalmente, de la leche. Yo sólo quiero apuntar una cosa que veo: Es innegable que la leche materna es la más apta para un recién nacido, la OMS la recomienda encarecidamente. Pero también es muy injusto que una mujer que por lo que sea no pueda dar el pecho (o no quiera, carajo, es que es una opción) tenga que soportar que la hagan sentir inútil, egoísta o mala madre y acabe frustrada y triste. Ya tenemos bastante con las hormonas postparto, coñe.

Por cierto, que no todas pasamos por la depresión postparto. Una revolución hormonal es inevitable, y el estado de ánimo es extraño, si le añades que duermes poco y mal y estás sobrecargada. Pero yo he sido sumamente feliz. Ni lloreras, ni gritos, (salvo los dolores que pasé cuando tenía los pezones en carne viva).Antes de eso, en el embarazo, tampoco me puse gilipollas de más. Y eso lo dice Amó, que vive conmigo, no me lo invento. 

Volviendo al tema de etiquetas, clanes y opiniones... Todo el mundo te va a dar consejos. Frecuentemente, los da con más vehemencia precisamente a quién menos pides, de quien menos quieres o de quién menos deberías fiarte. Oyes cosas que te hacen sangrar los oídos y eres juzgada cruelmente por no llevarlas a cabo. Una que tiene las espaldas muy anchas lo lleva de calle, pero es cargante toda la presión que puede suponer. Sobre todo porque una persona cercana está claro que lo hace con buena intención, con cariño, por ayudar... pero que alguien que no conoces de nada venga a ponerle la capota a tu cochecito porque "el niño está muerto de frío", o que te miren mal o te reprochen porque le cambies el pañal en el suelo (con mantita, cambiador y toda la higiene posible) en un sitio donde tampoco hay otra opción y tu bebé ya no puede esperar más, pues toca los huevos. Sobre todo, porque si yo fuera tan poco educada como esta gente me pasaría el día diciendo: "Señora, métase en sus putos asuntos y déjeme en paz.. so loro". Y,  joer, soy una señora, y no lo hago.

Lo que sí llama la atención es cómo la maternidad te hace setir más en tu propia piel la realidad de ser mujer hoy día. Y, por favor, leedme bien que, ¡OJO!, no lo digo en plan Fachardón, no pienso ni por asomo que una mujer lo sea más cuando es madre. Nononono. Ser madre, a día de hoy es una opción (salvo por la gente que quiera serlo y por desgracia no pueda, o la que se vea obligada a serlo sin quererlo, casos ambos que por cierto están creciendo, tristemente). Al  menos, para mí ha sido una opción personal, y no lo he hecho ni por obligación, ni a la ligera, ni "porque tocaba".
Lo que digo es que la maternidad te hace setir más en tu propia piel la realidad de ser mujer en el sentido más oscuro y triste. Ser madre es lo que más me ha hecho ver la discriminación y el maltrato a las mujeres. Es lo que más te hace ver lo mal que está montado el tinglado, lo desprotegida que estás como trabajadora, como cotizante, como cuidadora informal. Lo que peligra tu trabajo y tu carrera, lo que tienes que dejar atrás para conseguir un sueño, lo muchísimo que se te exige y que se espera de tí y lo imposible que es cumplir las expectativas. Dicho en cristiano: la puta hipocresía.

Y voy a lo más básico: cosas funcionales. Gente en silla de ruedas, por suerte o por desgracia, hay relativamente poca. Pero niños en carrito hay a porrillo. Y por cada crío que lo deja atrás, vienen bebés nuevos. Pues ir con ruedas es una puñetera aventura. Edificios oficiales sin rampas, calles intransitables, cruces peligrosos, parkings sin ascensor, locales y tiendas sin acceso a otras plantas (la palma se la llevan las tiendas de objetos de bebés, y hay varias, en las que si quieres subir una planta te suben en volandas el cochecito las dependientas), amables conductores que tiran el coche de tal modo que no te dejan ver para cruzar... Hay mil cosas. En el siglo XXI. Después de una tradición centenaria de cochecitos con ruedas para bebés.
Diréis que ya saltó la puntillosa, pero me paso el día pensando que si los hombres parieran y se ocuparan preferentemente ellos del cuidado de los hijos, esto no pasaría tanto. Igual que sigo diciendo que si ellos se embarazaran hace años que habría vacuna contra la toxoplasmosis por cara que fuera porque a ver por qué coño iban a pasarse 9 meses sin jamón. Y ya ni hablamos de lo bien investigadas que estarían las analgesias y anestesias para no tener que pasar ni medio dolorcillo antes de que el churumbel asomara la cabeza.

Ya, barreras arquitectónicas aparte, una cosa que a mí personalmente me pone de muy mala leche son los p.. cambiadores. Restaurantes caros, bares buenos, locales modernos que no han pensado un carajo que en algún momento va a venir una madre con su bebé (a.k.a maquinita de hacer caca) y le va a tener que cambiar el pañal. O si lo han pensado, lo han pensado con el ojete. Ejemplo facilón: ponerlo en el baño de mujeres. Asumiendo que solo cambiamos pañales nosotras, claro. Amó ya tiene el culo pelao de entrar a baños femeninos. Que no pasa nada, pero... Joer, la intención pica un poco. La cosa es que nadie piensa en las madres que llevan bebés, salvo las madres cuando los llevamos. Que yo soy la primera que no había pensado en nada de esto hasta ahora que me toca vivirlo. He llegado a oir algo así como: claro, la culpa es nuestra, es que ahora nosotras no nos queremos privar de hacer nada y... Pues no, no nos queremos privar de hacer nada, ¿por qué coño íbamos a privarnos? Ya no vivimos en la época victoriana, no tenemos que pasar "la reclusión". Aunque parece que unos cuantos no han querido enterarse.

Me parece triste el maltrato sistemático que hacemos a colectivos que deberíamos valorar. Hablamos de bebés, del futuro. Deberían ser lo primero. Pero bueno, ya se sabe cómo están hechas las cosas y lo bien que se trata a niños y ancianos en esta sociedad tan maja que tenemos...

Siguiendo con el machismo... Con los bebés es de espatarrar. (Ya antes de dar a luz comentaba cosas sexistas en Bombos, premios de consolación y cilindrines ) Un ejemplo recurrente: el saco del capazo donde iba tapadito y calentín mi nene era naranja y verde. Pues todo dios asumía que era una niña. Como no era azul...
Es casi imposible encontrar un objeto que no venga en azulito o en rosita, aunque luego añadan el blanco, el gris o el marrón... El azul y el rosa nunca faltan. Nunca. Pero hasta cosas que claman al cielo, como una mantita de actividades que se supone que es para estimular sus sentidos con sonidos, texturas y colores. Pues al menos una marca las hace en rosa y en azul (en distintos tonos de la gama). De verdad, es pa mear y no echar gota. Lo mismo te pasa con las p... franquicias. Vas a buscar cualquier objeto y tienes que huir de Bob Esponja, Pepa Pigg, Cars o las Princesas Disney. Ya no os hablo de Hello Kitty o el Capitán América, que son las dos fobias de Amó y servidora respectivamente, y los cabrones proliferan como champiñones.

Dejo para el final lo que creo que puede pareceros más polémico. Y es que no creo que ser madre te haga necesariamente mejor persona. Hay personas cojonudas (tirando a inmejorables)  que no son madres. En serio, yo conozco unas cuántas.Y hay madres que son... bueno... personas con mucho por mejorar. Me parece un poco triste llevar esa actitud de que tú eres madre y con eso ya está todo dicho: tus necesidades van por encima de los demás, sabes más que los demás y eres mucho más mejor. Ya sabéis que odio el giro de melena y el "porque yo lo valgo". Ser madre es algo natural (en el sentido de animal, propio de una especie, biológico) que en principio hemos elegido. Es lo ideal que ya que es un camino que decides recorrer, aprendas de ello cosas que puedan enriquecer el resto de facetas de tu vida. Pero sentirte más que los demás por serlo me parece infantil, pretencioso y prepotente. No me gusta la gente que va juzgando a quien decide no ser madre, o va con la puta coletilla de "ya te llegará la hora". Todas las opciones son válidas, porque tú con tu vida puedes hacer un pandero. Del mismo modo, tampoco me gusta la actitud de la gente que ha decidido no ser madre y te trata como si fueras imbécil por decidir serlo tú, como si tiraras tu vida por la borda por una "mera convención social", como si querer ser madre fuera descabellado. ¿No podemos vivir y dejar vivir, también en este tema, sin andar mirándonos por encima del puto hombro?

En mi caso he decidido tomar este camino que para mí no tiene nada de fácil, que me pone a prueba cada día y que me sorprende en cada curva. Creo que estoy aprendiendo mucho (no siempre por las buenas, y tampoco siempre cosas buenas) sobre mí misma y sobre el mundo que me rodea. Estoy encantada, feliz, pletórica con mi familia. Con mi niño, que es lo mejor que he hecho. Con mi marido, sin quien no podría hacerlo, y que no podría ser mejor compañero de viaje. Solo le deseo a los demás que, estén en el camino en el que estén, se sientan contentos con su ruta, y que tengan feliz trayecto. 

Seguramente he pensado muchas más cosas en todo un año, pero ahora mismo no se me ocurre más, y creo que tampoco ha estado mal como primer tostón. Solo me queda decir...

FELIZ CUMPLEAÑOS, PEQUEÑO CUERVO.