martes, 12 de enero de 2016

Shortcuts: Ziggy meets Sandman

Ayer amanecí con un guasap que hasta dolía. Todos lo sabéis: Bowie ha muerto. 
Me ha parecido increíble cómo el mundo se ha volcado en ese suceso: la pena, el dolor de no toda una generación, sino varias, y la ansiedad por el homenaje inmmediato. Todos hablando de sus canciones, compartiéndolas, cantándolas. Todos hablando de personajes, escogiendo etapas. 
Para los cantamañamas que han dicho que a qué todo este revuelo: es normal. En parte, hay poca gente tan grande, con una trayectoria tan larga, que haya hecho tantas cosas y tan distintas. Es normal que sintamos esa pérdida como nuestra, él fue una parte de nuestra vida., queramos o no. (¿a que a alguien le oísteis eso de... "¿Ah, pero esa canción era suya?") Por otra, sin duda, el impacto es mayor viendo cómo ha sabido irse, justo a tiempo para dejarnos ese último disco con un sabor a despedida muy difícil de conseguir (no hablo de despedirse, hablo de despedirse así. A ver quién más podría. Os reto. Para dentro de muchos años, pero os reto.)
 A todos os he leído: a los amigos cinéfilos, a mis chicas creativas, a la familia, a los compis músicos, a los del otro lado del charco... Vuestras fotos y enlaces, vuestras disntintas visiones: se nos fue Ziggy, el Rey Goblin, el Duque, Tesla, Pilatos, ese tío con un ojo de cada color... 
Pero uno de los comentarios que más me llamó la atención fue el de mi adorado Neil Gaiman. Por supuesto, admirador declarado, decía que Bowie era "uno de sus héroes" y que nunca había llegado a conocerlo. 
Y yo pienso... "Has hecho mucho más, Neil".  

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Gaiman ha creado uno de los mejores personajes de la historia del cómic (es mi blog, no tu blog, y yo pongo lo que quiero en mi blog), y esa no es otra que Muerte. Una muerte acertada, alguien con quien no tienes miedo de encontrarte, alguien reconfortante a quien acudir. La lees, la ves, la miras, y deseas que realmente sea Ella
En ese mundo ideal que crean los artistas, está claro que a Bowie se lo llevó con honores. 
Por la noche, acurrucada en mi cama, en ese punto entre el sueño y la vigilia en el que debajo de los párpados casi casi parece que vivas una alucinación, los veía. 
Veía a Muerte acercarse a todos los personajes de Bowie, y a su misma persona. La veía sonriendo, el ankh emitiendo un destello a cada paso sobre su pecho níveo, vestida de gala en terciopelo y encajes. Se acerca cantando cualquiera de sus canciones, o incluso varios fragmentos, con una voz cálida y sensual (sólo ella podría tenerla así, casi puedo imaginarla y solo con eso ya se me ponen los pelos de punta). Se miran, se abrazan, se sonríen. Ella le toma del brazo, y caminan juntos, pasos sincronizados, hablando como viejos amigos... 
Bowie creó un universo, y Gaiman creó una Muerte a medida para alguien tan grande. 

A lo mejor decís que es un shortcut oportunista, y pillado por los pelos. Pero dadle una pensada. Creo que es el más bonito que os podré contar. 



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