miércoles, 27 de enero de 2016

...I am tired, I am weary ...

Siemrpre acabo volviendo a ella, o quizás sea ella la que vuelve a mí.
Viene de puntillas, y se queda una temporada.
Cuando ya hace tiempo que no me trenzo el pelo, y me releo los últimos tomos de Sandman, cuando no me visto de negro un par de días y parece que no para de llover, cuando las noches no son como las esperaba y las mañanas se llenan de desidia, cuando los libros se acumulan sobre mi mesita y nadie les pasa las páginas, cuando reinan en mi vida esas dos palabras que odio con toda mi alma (stand-by, vaya invento), cuando noto que ya no sé pensar con claridad...
Un día, caminando por la calle,  se me aparece en los labios. Y mis pasos cogen otra cadencia.
Nunca entenderé por qué me hace tanta compañía, por qué me consuela tanto, pero lo hace.
Si un día aprendiera a cantar, sólo la ensayaría a ella, una vez, y otra, y otra, y otra más... hasta que le hiciera justicia.
Señoras y señores... con todos ustedes... Venus in furs


martes, 12 de enero de 2016

Shortcuts: Ziggy meets Sandman

Ayer amanecí con un guasap que hasta dolía. Todos lo sabéis: Bowie ha muerto. 
Me ha parecido increíble cómo el mundo se ha volcado en ese suceso: la pena, el dolor de no toda una generación, sino varias, y la ansiedad por el homenaje inmmediato. Todos hablando de sus canciones, compartiéndolas, cantándolas. Todos hablando de personajes, escogiendo etapas. 
Para los cantamañamas que han dicho que a qué todo este revuelo: es normal. En parte, hay poca gente tan grande, con una trayectoria tan larga, que haya hecho tantas cosas y tan distintas. Es normal que sintamos esa pérdida como nuestra, él fue una parte de nuestra vida., queramos o no. (¿a que a alguien le oísteis eso de... "¿Ah, pero esa canción era suya?") Por otra, sin duda, el impacto es mayor viendo cómo ha sabido irse, justo a tiempo para dejarnos ese último disco con un sabor a despedida muy difícil de conseguir (no hablo de despedirse, hablo de despedirse así. A ver quién más podría. Os reto. Para dentro de muchos años, pero os reto.)
 A todos os he leído: a los amigos cinéfilos, a mis chicas creativas, a la familia, a los compis músicos, a los del otro lado del charco... Vuestras fotos y enlaces, vuestras disntintas visiones: se nos fue Ziggy, el Rey Goblin, el Duque, Tesla, Pilatos, ese tío con un ojo de cada color... 
Pero uno de los comentarios que más me llamó la atención fue el de mi adorado Neil Gaiman. Por supuesto, admirador declarado, decía que Bowie era "uno de sus héroes" y que nunca había llegado a conocerlo. 
Y yo pienso... "Has hecho mucho más, Neil".  

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Gaiman ha creado uno de los mejores personajes de la historia del cómic (es mi blog, no tu blog, y yo pongo lo que quiero en mi blog), y esa no es otra que Muerte. Una muerte acertada, alguien con quien no tienes miedo de encontrarte, alguien reconfortante a quien acudir. La lees, la ves, la miras, y deseas que realmente sea Ella
En ese mundo ideal que crean los artistas, está claro que a Bowie se lo llevó con honores. 
Por la noche, acurrucada en mi cama, en ese punto entre el sueño y la vigilia en el que debajo de los párpados casi casi parece que vivas una alucinación, los veía. 
Veía a Muerte acercarse a todos los personajes de Bowie, y a su misma persona. La veía sonriendo, el ankh emitiendo un destello a cada paso sobre su pecho níveo, vestida de gala en terciopelo y encajes. Se acerca cantando cualquiera de sus canciones, o incluso varios fragmentos, con una voz cálida y sensual (sólo ella podría tenerla así, casi puedo imaginarla y solo con eso ya se me ponen los pelos de punta). Se miran, se abrazan, se sonríen. Ella le toma del brazo, y caminan juntos, pasos sincronizados, hablando como viejos amigos... 
Bowie creó un universo, y Gaiman creó una Muerte a medida para alguien tan grande. 

A lo mejor decís que es un shortcut oportunista, y pillado por los pelos. Pero dadle una pensada. Creo que es el más bonito que os podré contar. 



lunes, 11 de enero de 2016

Respira

Tal vez sea hora de que pongas en práctica lo que llevabas tanto tiempo predicando (Eso está muy bien, P, pero ¿y si lo hacemos de una manera más constructiva?
Así que decídete. Sal. Son solo unos pasos. 
No le hagas caso a la tormenta, aún está lejos. Deja que la oscuridad se vaya cercando, evita los círculos de luz. Solo ve siguiendo al silencio, hasta que se espese. 
Olvídate del viento, los mechones azotando como látigos, el silbido en los oídos, el crepitar de las ropas.  No dejes que te distraiga el frío que se desliza por tus mejillas, déjalo que baile contigo. Te hace más consciente, eso nunca es malo.
Coge toda esa mierda que te hace daño y deshazte de ella, de un tirón, sin dudarlo, en la primera papelera. Siéntete más libre por un instante (Everything that kills me makes me feel alive). 
Y ahora, párate. Es sólo un momento. 

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Y... respira. Sabes cómo hacerlo, aunque a veces lo lleves rezagado. 
Respira. Coge todo ese aire, aunque al principio parezca que tanto oxígeno te marea. Que no te engañe, es una broma pasajera. 
Respira. Bien. Respetando los pausas y los tiempos. Buscando el ritmo y el lugar. 
Respira. Pensando y contando, dedicándole energía, con conciencia. 
Respira. Juega con el aire frío, aunque acuchille los pulmones.  Eso, eso también es bueno.
Respira. Respira de verdad. Una y otra vez, hasta que deje de doler, hasta que tenga pulso propio el oleaje. 
Respira. Sigue repirando, mientras vuelves de camino a tu vida. 
Rspira. Si lo has hecho bien, con un poco de suerte, quizás vuelvas a reconocerte cuando te veas en un espejo.

viernes, 8 de enero de 2016

Y una de reflexiones nocturnas.

Si habéis leído las reflexiones maternales vol II (y seguís viv@s y con ganas de leer más paranoias ancoriles), ya sabéis que el pasado verano me embarqué en una nueva aventura laboral. Fue un reto de narices, cargado de primeras veces: primera vez en  ese tipo de curro, primera jornada completa en un solo contrato, primeros turnos y primeras noches, entre otras cosas. (Bueno, vale, sí que trabajé de noche, pero no creo que las clases de baile cuenten. Además, fueron solo unos fines de semana, y yo lo consideraría más un hobby bizarro). 
Las noches de verano fueron toda una experiencia. Áncora en leggins y camiseta intentando acostar a una panda de enanos sin ganas de dormir. Áncora a las 12 de la noche viendo series para adolescentes y enseñando a hacer trenzas de escalera a una de las chicas mayores. Áncora yendo de concierto con la panda de garbanzos y el novicio más majo que parió madre (vale, es el único que conozco, pero fue una gran compañía para una gran noche). Cosas, la verdad, que nunca hubiera pensado que haría y que tienen como anécdotas y como recuerdos mucho encanto. 
También es verdad que lo que más hice esas noches fue leer. Si avancé tanto en el reto de lectura fue por todas las horas en el despacho libro en mano mientras los niños dormían. Para algunos leer tanto y dormir tan poco (juro solemnemente que apenas llegaba a pegar ojo más de media hora seguida) seguramente sea una pesadilla, pero para mi fue lo mejor. Era lo que compensaba. Me veía sola con una gran responsabilidad, teniendo dudas constantes sobre qué hacer cuando algo no iba como yo esperaba, perdía tiempo de estar con mi familia, no solo en la noche, sino al día siguiente cuando había que hacer cuentas con Sandman... pero al menos leía. 
En esa época sólo tuve un compañero nocturno, en  una noche festiva. Aparte de las risas por la reacción de los niños (¿Y dormisteis en la misma cama apretaditos? ¿No? Pero te gustaría, ¿a que sí?), fue la mejor noche. Trabajo en equipo. No más dudas, sólo buscar la compenetración. Infusiones regando buenas conversaciones de madrugada. Y ese peso mejor llevado de compartir la responsabilidad tan grande con alguien en quien confías. 
Lo hablaba con otra compañera, lo distintas que son las noches entre dos. Aunque también es verdad que las dos tuvimos el privilegio de compartir noche con la misma persona, uno de los mejores tipos que he conocido en mi vida. Fantaseábamos con cómo sería hacer noches siempre en compañía, queríamos vivirlo. Sonaba interesante. 
Estas Navidades, en el proyecto en el que me he embarcado ahora, me han tocado las noches compartidas. Y sí que son interesantes. 
Como os podréis imaginar, he leído muchísimo menos. No sé, quizás treinta páginas. Pero no lo he echado en falta.

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También he dormido más. Bueno, no os emocionéis. Si hago media, igual me salen tres horas por noche (contando que una no pegué ojo). Pero al menos esas horas las duermes con la tranquilidad de que hay alguien velando para que tú descanses. 
Cada compañero ha sido un mundo. Cada vez nos organizamos de una manera radicalmente distinta: dormir por turnos, dormir a la vez en distintas ubicaciones, no dormir.. Todo puede hacerse y todo puede funcionar.
Han sido cuatro noches con cuatro personas diferentes y las cuatro han tenido momentazos. Diseccionar las costumbres sociales en tres minutos,  llorar de risa de madrugada con confesiones femeninas, tomarse un té de canela con roscón de Reyes y reflexiones maternales a cuatro manos, hablar con la lucidez que dan las cinco de la mañana, poniendo en voz alta cosas que nunca habías dicho a nadie aún. Hablar con la misma fluidez de fotodepilación, de salsa en rueda, de los celos patológicos o de hipsters enfermizos. 
Contestar las preguntas de una mente inquieta y enérgica que no se corta un pelo en preguntarte cosas personales con tanto encanto que no te molesta en absoluto. Compartir recuerdos infantiles, luciérnagas y babosas, manicura en tonos granate, fotos de la familia y las mascotas, monólogos vikingos y recetas de cocina. Irte a la cama después de darte dos besos como si fuerais compañeras de cole, después de haberte reído de lo lindo. 
Escuchar las anédotas que da la experiencia, hablar de los hábitos alimentarios de los hijos, compartir sonrisas evocadas por la danza del vientre, hacer planes de futuro paralelos parecidos y descansar turnando la vigilancia nocturna con una sincronización no pactada pasmosa. 
Diseccionar la noche en dos, abandonarse al sueño con la confianza absoluta de que puedes hacerlo, tras recordar viejos tiempos, poner el mundo a parir y echarse unas risas. Despertarse de madrugada para cumplir tu tiempo disfrutando de tu momentito a solas mientras los chicos duermen. 
Embarcarse en una conversación igual de larga que de ligera (dejo lo mejor para el final), en una coreografía de temas enredados, saltando de la anécdota más chorras a la confesión más personal, pensar en voz alta sin miedo a que te juzguen mientras otra persona hace lo mismo a unos centímetros de distancia, recibir otra visión de las cosas igual de lúcida que de interesante, descubrir que compartes pasiones e imaginerías que casi nadie conoce, reírte de las paridas más tontas, desgranar pensamientos complejos, desvelar intimidades sin un asomo de pudor, y marcharte con la sensación de que has vivido una noche memorable. 
Al fin y al cabo, se trata de convivir. Tiene un punto de campamento de verano, de finde de casa rural. Verte por la mañana con la legaña colgando, con los pelos revueltos y voz de no estar despierta aún, sentirte cuidada porque te suben sábanas limpias y dos toallas por si acaso, o cuando te dicen entre bostezos que te vayas a dormir tranquila, que el primer turno de sueño te toca a ti sin discusión. Cuidar tú también, ya sea subiendo dos tazas de la cocina o quitando cutículas. 
Llevarte a casa un cansancio terrible y unas ojeras de miedo, pero también una lista de pelis para ver, una recomendación web, un comentario amable o un par de abrazos. Pero sobre todo, llevarte esa sensación de que la gente mola y te puede dar muchos momentos buenos. 
Sí, las noches compartidas son interesantes. Aunque también aviso que cuando pille la cama lo mismo me paso todo enero durmiendo... 


sábado, 2 de enero de 2016

Finiquitando el 2015: Popsugar- Reading Challenge

Hace ya unos cuantos años (diría que unos diez) que voy apuntando los libros que leo. Desde que descubrí anobii ese conteo es virtual, y mucho más cómodo. Y también desde que descubrí Anobii suelo hacer un reto anual de en torno a cincuenta libros.

Este año encontré el Reading Challenge de Popsugar . Se trata de leer 50 libros (en realidad cincuenta y dos, ya que pide una trilogía) con unas determinadas características.He llegado justa-justa por los pelos, que poco más y me paso las uvas terminando el último, pero lo logré.

Aquí tenéis mi lista:

- Un libro con más de 500 páginas: "Forastera", de Diana Gabaldon (en e-book, y de paso me he visto la primera temporada de la serie. Que vivan los kilts)
- Uno de romance clásico: "Orgullo y Prejuicio", de Jane Austen (obviamente re-re-re-relectura, pero es que no existe otro como éste)
- Uno que se convirtió en película: "El Juego de Ender", de Orson Scott Card (Hace tiempo me lo habían recomendado unos amigos, y me encantó. De la peli... bueno, sale Harrison Ford, y tal)
- Uno publicado este año: "Toda la verdad sobre las mentiras", de Jose Antonio Palomares Blázquez (Supuesta añoranza ochentera, pero... me esperaba más)
- Uno con un número en el título: "616", de David Zurdo y Ángel Gutiérrez. (Parece una peli americana, y no de las mejores. Para hablar del diablo y el infierno, me dejó un poco fría).
- Uno escrito por alguien menor de 30: "Tempus Fugit", de Javier Ruescas (novela juvenil, entretenida. La premisa es buena, pero quizás le falta madurez)
- Uno con personajes no humanos. "Compañeros de la noche", de Vivian Vande Velde. (Me lo había recomendado hace años mi librera de cabecera de entonces- Te echo de menos, Patri-. Es entretenido, una pena la traducción)
- Uno divertido: "Espinete no existe", de Eduardo Aldán. (De nostalgia ochentera, trae buenos recuerdos)
- Uno por una autora femenina: "Flora Poste y los artistas", de Stella Gibbons (Bueno, pero me decepcionó un poquito, después de todo lo que me reí con la primera parte)
- Uno de misterio, o thriller: "Invitación a un asesinato", de Carmen Posadas (No es mi favorito de la autora, y lo encontré tristemente predecible. Aún así, le saqué jugo)
- Uno con un título de una sola palabra: "Tarántula", de Thierry Jonquet (Brutal. A pesar de que ya sabía el final por la peli, me gustó de todos modos. Muy, muy bueno)
- Uno de historias cortas: "Vampiros", VVAA Atalanta. (Tanto leer siguiendo normas, me tuve que ir por mi senda. Una gozada revisitar los cuentos clásicos, y también descubrí cosas interesantes).
- Uno que transcurre en un país diferente: "Saga de brujas", de Carolyn McCullough (Muy entretenido, sin más)
- Uno de no ficción: "Hacer jabones", de Debbie Chialtas (Porque la vena crafter sale por donde menos te lo esperas)
- El primer libro de un autor popular: "Carrie", de Stephen King (King es uno de mis placeres culpables, el Big Mac de la literatuta, y éste no lo había leído. No es el mejor, la verdad)
- Un libro de un autor que adoras que no has leído aún: "La búsqueda de interlocutor", de Carmen Martin Gaite. (Uno de ensayos, algunos con mucha miga, y además, en uno habla de Jane Eyre). 
- Uno que te recomendó un amigo: "Valores de oro", de Cristina Nuñez Pereira. (Me lo recomendó una compañera de curro, y como instrumento de trabajo sí está bien. Como libro, psé, como que no)
- Un ganador del Premio Pullitzer: "La carretera", de Cormac McCarthy (éste ha sido relectura. Y, carajo, se me volvieron a soltar las lágrimas al final. Qué bueno es).
- Uno basado en una historia real: "Sabor a chocolate", de José Carlos Carmona. (Sencillo, ligero, bastante bonito)
- Uno al final de tu lista de libros por leer: "Mary, Mary", de James Patterson (Estaba al final, ¿no? Pues era por algo)
- Uno que le encanta a tu madre: "¿Quién mató a Laura Palmer?", de Guillem Medina (Es que lo de la nostalgia a mami le va mucho)
- Uno que te asusta: "La llamada de la sangre", de Poppy Z. Brite (Mira que a Poppy la conozco ya de años y siempre me gusta, pero esta vez me daba respeto todo lo que había leído sobre este libro. Reconozco que tiene pasajes perturbadores, pero a mí me encantó)
- Uno de más de 100 años: "Frankenstein", de Mary Shelley (Debería darme p**a vergüenza no haberle metido mano hasta ahora)
- Uno basado enteramente en su portada: "Los sangre azul", de Melissa de la Cruz (una de esas compras impulsivas tontas, porque se veía que era de vampiros. Un fiasco. "Gossip girl" con colmillos, y encima mal puestos)
- Uno que se supone que deberías haber leído en la escuela pero no lo hiciste: "La hija del espantapájaros", de Maria Gripe. (La verdad que no es el mejor de Gripe, pero me gustó, incluso ahora que ya no tengo edad)
- Unas memorias: "Hojas vivas", de Mia Farrow. (Una vida interesante, sin duda. Y flipante la versión de Woody Allen que da).
- Uno que puedes terminarte en un día: "El cocherito, leré", de Victoria Simo y Carla Natharet (Más nostalgia, de mano de mi mami. El cd no tiene precio)
- Un libro con antónimos en su título: "De todo lo visible y lo invisible", de Lucía Etxebarría. (No sé si soy yo, o qué, pero acabados los 90, Etxebarría ya no mola como antes)
- Un libro que ocurre en un lugar que siempre quisiste visitar: "Rebeca", de Daphne Du Marier. (Fue el último del año. Porque siempre quise visitar Maderley, del brazo de mi amor Maxim. Mira que ya van veces, y todavía lo disfruto)
- Uno que salió el año en que naciste: "De cómo Obélix cayó en la marmita", de Gosciny y Uderzo. (Igual fue hacer un poco de trampa, pero si no metía algo corto, me comía el tiempo).
- Uno con malas críticas: "Ciudad de ceniza", de Cassandra Clare (esto... como lo del final de la lista... Por algo será)
- Una trilogía: "Divergente-Insurgente-Leal", de Veronica Roth . (Esto... No. Ni siquiera Cuatro lo salva. La idea inicial es interesante, pero no hay por donde cogerlo)
- Uno de tu infancia: "Si quieres pasar miedo", de Angela Sommer-Boderburg. (Cuentitos de miedo, ¿lo dudábais?)
- Uno con un triángulo amoroso: "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel. (Si no lo has hecho, leételo ya. Qué cosa más bonita)
- Uno que transcurre en el futuro: "La vieja guardia", de David Scalzi (Recomendación de Amó, me gustó bastante. Tengo que seguir con la serie)
- Uno que transcurre en el instittuto. "Un chico de lo más normal", de Gordon Korman (Puro entretenimiento, con sus buenas metáforas sobre la diversidad).
-Uno con un color en el título: "El mundo amarillo", de Albert Espinosa (Unas cuantas buenas lecciones, maestro)
- Uno que te hizo llorar: "El niño con el pijama de rayas", de John Boyne (Como ponía "que te hizo", busqué relecturas. Este, en concreto, no se debería releer. Al menos, no yo. Ya no es lo mismo)
- Uno con magia: "La maldición de Odi", de Maite Carranza (Y termino una trilogía que todavía no sé si me ha gustado o no).
- Una novela gráfica: "Coraline", de Neil Gaiman (Es CO-RA-line, no CA-RO-line. Ains, mi Neil)
- Uno de un autor del que no has leído nada áun. "Londres después de medianoche", de Augusto Cruz (Una joya)
- Uno que tienes pero aún no has leído: "Papel Mojado", de Juanjo Millás. (Millás, te adoro, pero este es flojito)
- Uno que tiene ligar en tu ciudad de nacimiento: "La Perrona", de Vicente Muñoz Puelles (Típico de leer en el cole, poca justicia le hace a Gijón, aunque tampoco puede)
- Uno que fue originalmente escrito en otro idioma: "Leather braiding" (Leído en original.. ¿Había dicho que soy crafter?)
- Uno que transcurre en Navidad: "Pesadilla antes de Navidad", de Tim Burton (Eché de menos a Sally)
- Uno escrito por un autor con tus iniciales. "Cuentos de amor", de Emilia Pardo Bazán. (Lo que me costó dar con las iniciales... y lo que mereció la pena)
- Una obra de teatro: "El tragaluz", de Buero Vallejo.(De selectividad a aquí, apenas ha cambiado. Sigo flipando con que escapara a la censura)
- Un libro prohibido: "Matar a un ruiseñor", de Harper Lee.(Imperdonable no haberlo leído hasta ahora, pero por suerte, nunca es tarde. Un 10)
- Uno basado en una serie de TV: "Ola de calor", de Richard Castle (Un capítulo más, entretenido y chorras. Lo del tequila no es para tanto).
- Uno que habías empezado pero no acabado: "El buen alcalde", de Andrew Nicoll (Una primera mitad preciosa, y luego una ida de olla. Parece escrito a cuatro manos, sin conexión. Una pena)

Después de algo tan estructurado, solo tengo una cosa clara... ¡En 2016 sólo voy a leer lo que me dé la real gana! Aún así, ha sido una experiencia curiosa.
¿Cómo lo véis?