martes, 30 de mayo de 2017

Dolce Vita Baby (II)

Quizás sea una consecuencia de haberme pasado la infancia en el coche de mis padres escuchando cintas de Sabina, quizás sea coincidenci, o quizás le pase a todo el mundo; pero casi todos los años me roban el mes de abril. Éste fue a mano armada, con nocturnidad, turnicidad y alevosía. Se fue, y no volverá.
Por suerte mayo llegó con otros aires, empezando con el mejor pie, celebrando la vida. La Dolce Vita.

                   ¿Cómo?
                                               Así:

- Viendo en el aeroupuerto al tío bueno de la facultad, que sigue igual que siempre (será cab...)
- Comprobando que las inspecciones aleatorias en seguridad casualmente coinciden con que pase por el arco la del pelo azul y su acompañante.
- Viviendo las primeras turbulencias en un vuelo
- Conociendo a Petina Gappah, primer Bookish atacado.
- Llegando a Madrid..¡con lluvia!
- Volviendo al Hotel de las Historias Vecinales
- Estrenando el Witches de Kat Von D

 photo 20170505_190008_zpsboaqeopg.jpg - Merendando la Mejor Tarta de Chocolate del Mundo
- Viviendo un momento WTF a la puerta de una entrada de metro cuando el negrito que pasaba petas por allí se negaba a creer que yo no quería
- Repasando la carta de colores de Manic Panic mientras hacía cola en la Sala Arena
- Viviendo otro momento WTF en el puesto de las camisetas
- Conociendo a Embellish (un placer)
- Viendo pasar a Jyrki
- Con el concierto de los 69 Eyes. Al fin. Al fin. 
- Cenando con las manos en un restaurante etíope (y probando el tej, vino con miel ex-qui-si-to)
- Viendo la expectación que causa la gente que viste diferente en un grupo de gallegos que cenan en la capital
 photo 20170505_233001_zpssuetvvyu.jpg - Con un chupito en el Stigmata, rodeada de vampiros (y escuchando MI música en un bareto)
- Conociendo las costumbres miccionarias de la especie autóctona en la zona de copas
- Durmiendo a pierna suelta en una cama de dos metros
- Madrugando poquito
- Desayunando en La Infinito como una reina
- Encontrando La Fugitiva cerrada
- De paseo por delante del cine Doré
- Paseando tranquilamente entra las prisas del que busca a última hora el regalo del Día de la Madre

 photo 20170506_112525_zpsbyzwqxmg.jpg - Recorriendo la Central de Callao (con famoseo lector incluído)
- Echando una primi y pasándosela por la chepa al jorobado
- De ruta por la Fnac Enorme
- Asaltando Lush, a lo bestia
- Comiendo en un antro árabe de los de verdad... que no sirve alcohol
- De cañitas a la sombra
- De ruta a pata entre Panta Rhei-Tipos Infames-Arrebato-Atticus Finch (y cargando alforjas)
- Conociendo a una educadora medioambiental en un mercadillo monísimo (y hablando de tintes de fantasía vegano)
- Encontrando Atticus Finch cerrada (y van dos, Marigafe)
- Peregrinando por Malasaña en busca de un cajero
 photo 20170506_2030261_zpsbvo3iosn.jpg - Merendando a lo americano, en la Pizzateca (pizza y libro, sí señor)
- Escuchando un miniconcierto en Desperate Literature, con un vaso de té y rodeados de libros (y casi sintiéndote extranjera en tu tierra)
- Probando el microteatro
- Comprobando que el crowdfunding es ya cosa diaria
- Improvisando cena en un barrio pijo con botas moteras 
- Cayendo como un leño en la cama de dos metros
- Volviendo a madrugar poquito. 
- Desayunando a lo bestia en La Italiana

 photo 20170530_121848_zps27rz6h52.jpg - Recorriendo la cuesta de Moyano (y cargando alforjas de nuevo)
- Disfrutando de concierto de swing en frente del Museo Naval
- Siendo ya cliente habitual en la hamburguesería de los panes más guays
- Oyendo en una terracita a los chulapos perorando sobre el cachopo
- Cargando con la maleta llena de libros de vuelta a casa
- Siendo recibida con un ramo de flores "de las de sí y no"


 Pues sí, me habrán robado el mes de abril... Pero en un par días se recupera la Dolce Vita.

jueves, 11 de mayo de 2017

Dolce Vita, Baby (I)

Ahí estoy yo: botines biker con tachuelas, leggins de piel, vestidito corto, mangas de encaje, uñas negras, labios negros, mucho kohl. No voy de negro de la cabeza a los pies porque llevo un dibujo de cuervos y rosas rojas en el pecho y las sacrosantas mechas azules. Noctuidae en estado puro. 
En mi salsa. Rodeada de gente con cadenas, lazos, corsés, tachuelas y hebillas. Melenas multicolores, maquillajes dramáticos, lentillas blancas, terciopelos, encajes, mucho cuero, cruces y ankhs por todas partes. 
Llevamos un rato haciendo cola y hemos entrado para situarnos bien, pero hemos perdido una eternidad porque la lumbrera que vende las camisetas no sabe dónde tiene ni la nariz. Al menos nos hemos echado las risas con los demás, que le aplauden cuando después de varios eones me cobra mi tanktop, y me queda la anécdota de que hay un sitio más chungo para encontrar mi camiseta ideal que el puto Zara. 
Ya están tocando los teloneros. De mano me suenan un poco a Entwined, pero con otro rollo. Me gustan, me gustan bastante. Avanzamos y encontramos un sitio perfecto, cerquita, casi centrados y con mucho aire. Sigo el ritmo con la cabeza, bailo un poco y contemplo la sala, que no conocía. 
(De mano, había leído Arena y pensé en Madrid Arena, que no entendía yo de dónde salía tanto aforo... La ciudad no es para mí: "tanto Luchi, tanto Luchi, y se llamaba Luciana")
Me encanta el arco del escenario. Me gusta lo cómodo que es todo. Y de acústica no vamos ni tan mal. 
Terminan Embellish (dadles una escuchada, son de Barcelona, majetes y hacen un crowdfunding para su tercer disco) y empieza el movimiento de la gente en busca de alcohol. 
Y en algún momento después de esto, pasa. 

Alto, cazadora de cuero, pantalón negro. Podría ser uno más. Pasa por mi lado, sin rozarme pero a dos centímetros. Y sé que es él. Lo huelo. Lo veo en cómo encoge un poco los hombros, en cómo camina. Está ahí, si estiro el brazo le toco. Miro a mi alrededor: nadie le mira, nadie se fija. Avanza despacio, con su aire al moverse, y le sigo con la mirada, sonriendo. Es él, lo sé, lo siento. Para mí no se esconde tras sus gafas de sol y su gorra abombada. Sigo sonriendo, nos vamos a ver en un rato. 

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Dan un show espectacular. Revisitan lo mejor de todos sus discos, casi sin descanso, pero jugando. Es un escenario pequeño, un ambiente íntimo, casi no pueden ni bailar, pero parecen pasarlo bien. Apenas hacen parones. Cada uno tiene sus momentos, pero a mi me cuesta apartar los ojos de él, de sus manos cargadas de anillos, de sus carcajadas de cine, de sus ojos claros sufriendo con la luz. 
Grito, canto, bailo y disfruto cada segundo. Por fin he vivido ese concierto que esperaba desde hace tanto, y ha merecido la pena. Por fin, los 69 eyes. Después de tantos años de preguntarme cómo sería Brandon Lee en directo.

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Después sigo con mi vida, con mis planes, con este fin de semana de Dolce Vita
Y ahora, las redes sociales confirman mis sospechas. Mientras yo preparaba mi maleta, o cogía el avión, mientras yo leía, mientras cogía el metro y me pegaba una ducha, Jyrki se paseaba por El Prado, o el Reina Sofia, en su mundo de contemplación del arte, con esa gorra abombada que no supo esconderle para mi. Él mismo colgó las fotos. 

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Pasó por mi lado, y yo solo sonreí. A ese tipo que me encanta, en el que pienso de refilón cuando la gente habla de chorradas como las conexiones cósmicas y del que hablo siempre que me preguntan (y cuando no). Alguien a quien adoro, sin conocerlo, un ser afin que, al final, sí estuvo cerquita de mí, compartiendo espacio. 

A la mierda los fans de poster. Yo soy una fan de verdad. De las de sonrisa tranquila. De las que los dejan pasar y siguen su vida.