jueves, 11 de mayo de 2017

Dolce Vita, Baby (I)

Ahí estoy yo: botines biker con tachuelas, leggins de piel, vestidito corto, mangas de encaje, uñas negras, labios negros, mucho kohl. No voy de negro de la cabeza a los pies porque llevo un dibujo de cuervos y rosas rojas en el pecho y las sacrosantas mechas azules. Noctuidae en estado puro. 
En mi salsa. Rodeada de gente con cadenas, lazos, corsés, tachuelas y hebillas. Melenas multicolores, maquillajes dramáticos, lentillas blancas, terciopelos, encajes, mucho cuero, cruces y ankhs por todas partes. 
Llevamos un rato haciendo cola y hemos entrado para situarnos bien, pero hemos perdido una eternidad porque la lumbrera que vende las camisetas no sabe dónde tiene ni la nariz. Al menos nos hemos echado las risas con los demás, que le aplauden cuando después de varios eones me cobra mi tanktop, y me queda la anécdota de que hay un sitio más chungo para encontrar mi camiseta ideal que el puto Zara. 
Ya están tocando los teloneros. De mano me suenan un poco a Entwined, pero con otro rollo. Me gustan, me gustan bastante. Avanzamos y encontramos un sitio perfecto, cerquita, casi centrados y con mucho aire. Sigo el ritmo con la cabeza, bailo un poco y contemplo la sala, que no conocía. 
(De mano, había leído Arena y pensé en Madrid Arena, que no entendía yo de dónde salía tanto aforo... La ciudad no es para mí: "tanto Luchi, tanto Luchi, y se llamaba Luciana")
Me encanta el arco del escenario. Me gusta lo cómodo que es todo. Y de acústica no vamos ni tan mal. 
Terminan Embellish (dadles una escuchada, son de Barcelona, majetes y hacen un crowdfunding para su tercer disco) y empieza el movimiento de la gente en busca de alcohol. 
Y en algún momento después de esto, pasa. 

Alto, cazadora de cuero, pantalón negro. Podría ser uno más. Pasa por mi lado, sin rozarme pero a dos centímetros. Y sé que es él. Lo huelo. Lo veo en cómo encoge un poco los hombros, en cómo camina. Está ahí, si estiro el brazo le toco. Miro a mi alrededor: nadie le mira, nadie se fija. Avanza despacio, con su aire al moverse, y le sigo con la mirada, sonriendo. Es él, lo sé, lo siento. Para mí no se esconde tras sus gafas de sol y su gorra abombada. Sigo sonriendo, nos vamos a ver en un rato. 

 photo IMG-20170506-WA0017_zps7y4fv91k.jpg

Dan un show espectacular. Revisitan lo mejor de todos sus discos, casi sin descanso, pero jugando. Es un escenario pequeño, un ambiente íntimo, casi no pueden ni bailar, pero parecen pasarlo bien. Apenas hacen parones. Cada uno tiene sus momentos, pero a mi me cuesta apartar los ojos de él, de sus manos cargadas de anillos, de sus carcajadas de cine, de sus ojos claros sufriendo con la luz. 
Grito, canto, bailo y disfruto cada segundo. Por fin he vivido ese concierto que esperaba desde hace tanto, y ha merecido la pena. Por fin, los 69 eyes. Después de tantos años de preguntarme cómo sería Brandon Lee en directo.

 photo 20170505_221618_zpsdjolgvet.jpg

Después sigo con mi vida, con mis planes, con este fin de semana de Dolce Vita. 
Y ahora, las redes sociales confirman mis sospechas. Mientras yo preparaba mi maleta, o cogía el avión, mientras yo leía, mientras cogía el metro y me pegaba una ducha, Jyrki se paseaba por El Prado, o el Reina Sofia, en su mundo de contemplación del arte, con esa gorra abombada que no supo esconderle para mi. Él mismo colgó las fotos. 

 photo 18301266_1297835180334626_6772825401752496866_n_zps8l43oes4.jpg


Pasó por mi lado, y yo solo sonreí. A ese tipo que me encanta, en el que pienso de refilón cuando la gente habla de chorradas como las conexiones cósmicas y del que hablo siempre que me preguntan (y cuando no). Alguien a quien adoro, sin conocerlo, un ser afin que, al final, sí estuvo cerquita de mí, compartiendo espacio. 

A la mierda los fans de poster. Yo soy una fan de verdad. De las de sonrisa tranquila. De las que los dejan pasar y siguen su vida.


COMENTA, HABLA, DI ALGO, PONME VERDE