jueves, 6 de julio de 2017

HIM: Farewell Tour.

Si a estas alturas no sabéis que HIM ha sido un hito en mi vida, tais como regaderas. Llevo como 20 años revisitando esos discos (aunque algunas canciones envejezcan fatal) y sintiendo que ese sonido, esas notas, se me agarran al estómago y me mueven por dentro.
La despedida era algo inevitable y claro. Hay cosas que no se pueden sostener, no fue una sorpresa. Por supuesto que me dio un poco de pena, pero a la vez estaba encantada: venían aquí cerquita, un viernes y en un día de descanso. Una vez más, servidora va a ver a HIM. Una vez más me pongo el traje de Posion Girl.

Comienza el periplo.

El viaje:
Niño en el cole, mochila preparada, lectura para un viaje de más de dos horas. (esta parte algunos ya la habéis seguido por twitter, por si os la queréis saltar) Primera sorpresa: ahora los Alsas tienen pantalla táctil individual con pelis, juegos e incluso prensa a la carta... Flipa. Segunda sorpresa: en Oviedo prácticamente se peta el bus. Se me sienta al lado un tipo de aspecto adorable. Preciosa piel chocolate, barba canosa, cara de infinito buen rollo. Saca un móvil y con voz de lo más cálida grita "fuck you" tres veces. Tengo una conversación vía redes sociales con un amigo sobre mis gustos sobre hombres. Tuiteo. Me enfrasco más en mi libro. Un poco después mi compi de asiento me mira un segundo, pone cara de asco y se dedica a a observar a una rubia al menos 20 años más joven que él que se sienta un poco más atrás. Algo de "Fuck You" debe pensar... Aunque me gusta su elección: yo miro  a la rubia y también pienso algo de "Fuck You". Un rato después ambos roncan, yo termino una novela y empiezo otra. Cuando estoy enfrascadísima con Amelie Nothomb, oigo hipidos, gemidos y sorber de mocos. La rubia está llorando viendo una peli. Intento adivinar cuál fisgoneando en el menú, pero no me da tiempo. Al fin, el bus se para, salgo a la calle y piso Santander.


 La ciudad:
Santander me trae infinitos buenos recuerdos. Es la hora de comer, pero antes que nada quiero dejar los trastos en el hostal. Lo que en el mapa parecía cercano se desvirtúa terriblemente: el Maps de Google me lleva por caminos empinados y tramos de escaleras. Callejeo por sitios extraños: en diez minutos parece que cruzo La Carriona, Cimadevilla y una cuesta de mi pueblo de la Alpujarra. Llego a una zona universitaria llena de chavales que parecen de exámenes, se masca la tragedia.
Poco después llego a mi destino, chorreando bajo un sol de justicia. La habitación es perfecta, chiquitita y sencilla. Desparramo mis cosas cual virus invasivo, como siempre que duermo fuera de casa. Me doy una ducha fresquita. Me pongo mi camiseta de "Nunca subestimes a una madre que escucha a HIM" y los leggins heviorros. Echo unos buenos minutos con una luz de pena en hacerme un ahumado negro en el ojo y un degradado en los labios entre gris y negro (Zero y Witches de Kat Von D, of course). Cuando me miro en el espejo y veo una auténtica chicacuervo creo que ya estoy lista para mi cita. No todos los días veo a mi amor, ¿verdad? 
Vuelvo sobre mis pasos y hago una comida/merienda/cena en una especie de brunch inverso. De nuevo en una calle estrecha, pienso en esa típica situación en que eres stranger in a strange land y tienes miedo de ir por el sitio equivocado y encontrarte a alguien chungo. Cuando veo una nena cruzar de acera cuando me ve, me doy cuenta de que no pasa nada cuando la chunga eres tú. Un minuto después descubro la jugada que me ha hecho el cabrón de Google. El muy... no me dice que existe el Funicular del Río de la Pila. Lo cojo para bajar y tardo 5 minutos escasos en llegar al centro. Con la sudada que me agarré para subir, madredeZeus.




 Me hago una ruta de compras, mientras exploro la ciudad. En Lush me encuentro una pareja que cuenta de es de Palencia y también viene a ver a HIM. Por la zona del puerto todo son camisetas con Heartagrams.
En la Plaza del Consistorio hay un escenario y justo me pilla la actuación de Minblast, grupo local que disfruto mucho. Nada mal para ir abriendo boca. 
Desbanco un poco más mi hucha de los caprichos entre Gil y Estvdio, con esa sensación tan enriquecedora de pisar librerías hechas con amor. Me siento en una terraza a refrescarme mientras oigo a niños jugar, y, como siempre que estoy fuera de casa, pienso en que tengo que traerme un día a Pequeño Cuervo. 
Me dejo retratar por un artista callejero que hace su trabajo con papel negro y unas tijeras, la mar de simpático, que me gana apelando a mi vanidad (mira qué silueta tan preciosa, contigo tiene que quedar bien porque tienes un pelo muy bonito).




Y ya, poco a poco, se acerca la hora. Subo todas las cuestas del mundo para  llegar a Escenario Santander. Fin de la cuenta atrás. 

El concierto: 
La última vez que hice cola para un concierto digamos "grande" fue en Madrid para ver a Nightwish. Teníamos alrededor una panda de jovencitos con ínfulas que se empeñaban en subastar quién llevaba más años escuchando metal y cómo habían entrado en él, con perlas como "¿Queen cuenta? Lo escuchaba con mis padres" o "Yo empecé con Linkin Park, como un montón de gente, casi todo el mundo". Esta vez no estuve tan entretenida. Había una cola curiosina, sí, pero había gente más variopinta. Mucha gente de mi quinta y superior, y muchos comentarios del tipo "Para una vez que viene gente conocida", "No deja de ser un grupo de siempre" o mi favorita, y un lema muy repetido "Igual es una mierda, pero va a ser el último, ¿no?". Había chicas hippies con flores en el pelo, heavys de los de toda la vida calvos con melena, mamás con niños ya mayores y frikis desaforados. Lo que no había era tanta gothibuena como con los 69 Eyes. Al final va a resultar que Jyrki es mejor sex-symbol.
Entré prontito, me compré la camiseta de rigor (risas con la chica del puesto, que me calculaba mal la talla porque no controla lo que es tener airbag delantero prominente) y busqué sitio. En seguida empezaron los teloneros, unos tal Romanthica que no había oído en mi vida. El cantante tenía tintes bunburyanos en la voz y se me parecía enormemente al de Embellish. (Tampoco veía muy bien porque como me suele pasar siempre que voy sola a un concierto, se alinean todos los tíos de más de 1,90 de la sala para que yo no pueda ver un cagao ni siquiera en diagonal) Pensaba yo: Coño, estos grupos españoles ahora son todos iguales. No, no: que resulta que es el mismo tío, David Gohe, el mismito que estaba en la fila de delante cantando la Dolce Vita en mayo mientras Jyrki lo daba todo. Hay gente que se lo curra de tal manera que es telonera de  las giras españolas de 69 Eyes y HIM en cosa de dos meses. Solo por eso ya casi le tengo apreci; aunque esta formación, la verdad, ni fú ni fa. 
Empieza el movimiento de instrumentos en el escenario y de gente yendo a por la birra de rigor, mientras suena el Bye Bye Love de los Everly Brothers. Aprovecho para situarme un poquito mejor y espero, un poco expectante. De paso me reencuentro con la pareja de Palencia que me saluda con mucha gracia, detalle muy simpático (a  lo largo del concierto me doy cuenta de que es mucho más fan él que ella, para que luego digan que esto no es más que un fenómeno Superpop de ídolo de jovencitas).
Cuando salen al escenario, todo es un clamor, y, a qué negarlo, las féminas gritamos como descosidas cuando sale Valo con su americana, su chaleco y su gorra (tendremos culpa que que el tío, además de vozarrón, tenga tanto morbo)
Teniendo en cuenta que la última vez que le vi iba borracho como una cuba, trasegó seis latas de cerveza y un paquete de tabaco mientras cantaba y no se tenía de pie en los solos (aunque con una voz PER-FEC-TA), verlo esta vez fue una maravilla.
Un poco estático, con esa forma de bailar poco suelta, pero sonriente y juguetón (se oían comentarios en la sala "si hasta parece contento"). Como siempre, hizo las gilipolleces Valescas de parar un par de canciones (una por un incidente en la primera fila del que no nos llegamos a enterar muy bien por sus farfulleos, otra para pedirnos más caña y jalear al personal), hizo bromas sobre que viene de Hellsinki y para ellos España es Hell (aunque a pesar del calor no se quitó la chaqueta, yo que quería ver esa enredadera una vez más), dio piropos a Santander (ciudad bonita junto al mar, con gran café)  hizo el mono por un peluche que le tiraron al escenario (que era un monito) y cuando salía a dar el bis hizo gesto de que ya era hora de ir a dormir. Sí, a ratos se nota que está hasta los mismísimos de ciertas canciones (¿quien se puede pasar más de quince años cantando "Gone with the sin" sin odiarla?), pero estuvo jugando con su voz constantemente, haciendo florituras, frases guturales, pausas estratégicas y hasta dejando el micro al respetable (y luego descojonándose)




 Era una gira de despedida, así que el repertorio eran muchos grandes éxitos, con lo cual había mucha canción pastelosa tipo 40 Principales. Tampoco me quejo del todo, el chillido que pegué cuando empezó The Sacrament hizo que los que tenía delante me miraran con cara de horror. Lo salvaron bastante bien incluyendo temas menores más cañeros, como Stigmata Diaboli o It's All Tears, alargando solos realmente impresionantes, introduciendo riffs de Black Sabbath o haciendo de Wicked Game un temazo larguísimo con un Linde de ejecución brutal y un momento incómodo de lucha teclado-guitarra que me hizo ver que esta gente podría salir a puñaladas si no se interviene de vez en cuando (Valo había salido del escenario y por mucho que me digan que dejó de fumar, apuesto una mano a que estaba sentado como un jefazo echándose un piti, yo lo habría hecho). Fueron casi dos horas de show, 23 canciones y un fin de fiesta monumental con su versión de Rebel Yell. (como siempre, el fenómeno Everdream hizo que yo me quede toda la vida sin oir en directo mi favorita, Love the Harddest Way, pero ya contaba con ello, soy una sufridora).
Supongo que, en tema de conciertos finlandeses, toca poner el cartel de THE END. En menos de un año he hecho mi triplete glorioso Nightwish-69 Eyes-HIM. La temporada 16-17 ha sido un momentazo vital que no se repetirá nunca.
Y en cuanto a decir adiós a estos chicos... Bueno, era necesario. Y sigo teniendo esos discos para revisitar toda mi vida. Me he quedado agustito con la despedida. Aunque, lo reconozco...






I Will Miss HIM.